23.1.07







"Aquí la voz, la canción; el corazón a lo lejos"

Entrevista con Meira Delmar


Álvaro Suescún T.



Un par de albañiles laboran acaballados sobre el techo de la casa que habita Olga Chams Eljach en una esquina muy cerca del parque en el barrio Bellavista. Afuera una pila de escombros que crece sobre la acera delata los estragos ocasionados por los aguaceros de esta semana. Es casi mediodía y ya empiezan a caer, esporádicas, las primeras gotas de lo que se anuncia como otro cataclismo de aguas, usual en estos días y en esta zona del Caribe. El más reciente debió afectar la añeja vivienda que aún conserva su original diseño Art-Deco, obra del arquitecto cubano Manuel Carrerá en los tiempos en que Barranquilla despuntaba al modernismo. Para llegar debo rodear un amplio jardín bajo la extensa y fresca sombra de un par de árboles de matarratón y de un roble que ofrecen a manos llenas sus racimos de flores. A mitad de camino un frondoso jazmín esparce con desorden sus fragancias, luego una terraza amplia y apacible antes de franquear la entrada en la que un animoso french poodle anuncia con sus inquietantes ladridos nuestra presencia.

La puerta está abierta de par en par, pero una reja de hierro impide el paso. Ella misma acude a abrirla, dice algo relacionado con el clima de inseguridad que ha obligado a los habitantes de la ciudad a enjaularse como pájaros, mientras por el zaguán se filtra, refrescante, una densa corriente de aire. Sus formalidades son exquisitas, tiene un temperamento admirable y una envidiable dulzura en el acento de su voz. Adentro, en una espaciosa sala, Ricardo Millán y Campo Elías Romero conversan animadamente con Alicia, la hermana de la poetisa, que en silla de ruedas los acompaña. El avance de una neuropatía diabética la ha reducido a este estado, pero ella no pierde el ánimo. Todo allí delata un perfecto orden y un buen gusto orientado por estas dos hermanas que vieron crecer y partir a una gran familia: sus padres, su hermano William, la esposa de este y sus cuatro hijos, y ahora se ven desminuidas en el amplio espacio de este lar. A la izquierda su estudio, allí sobresale un retrato de juventud de Meira que acusa la hermosura de sus rasgos árabes conservados intactos en ella, fue hecho al óleo por la pintora bogotana Gloria Mejía y está justo encima de un piano flanqueado por dos estantes atiborrados de libros y, sobre las paredes, por todas partes, una profusa obra pictórica en que se destacan las firmas de algunos de sus grandes amigos: Guillermo Ardila, Ángel Loochkartt, Roberto Angulo, Alejandro Obregón, María Cristina Betancourth, Humberto Aleán, Neva Lallemand, entre otros.

Al retornar al hilo de la conversación, después de los saludos, observo que es Hans Federico Newman, músico versátil, gran pianista fallecido hace casi diez años, el tema que tienen sobre la mesa, no en vano Campo Elías de vez en cuando acomete un instrumento, y Meira estudió música en la Escuela de Bellas Artes, como se llamaba entonces el Conservatorio de Música Pedro Biava, e interpretaba muy bien en el piano a Mozart y a Behetoven. "Me gusta mucho Chopin, por igual el de los valses, el de los nocturnos, el de los estudios, el de las polonesas, todo Chopin, y por contraste me gusta Rachmaninoff, Debussy y el español Falla", dice Meira. "Cuando murió su madre, me dijo Campo Elías de tal manera que solamente lo escuchara yo, tuvo una muy fuerte depresión y no volvió a abrir el piano, como ves ahí está y no ha querido desprenderse de él". Sí, ahí está ese piano, silencioso, ratificando su cercanía con la música, esos años de estudio que le sirvieron para comprender y sentir en una forma más profunda la vida, ella lo acentúa, al decir: "Toda la buena música vale la pena escucharla".

Los motivos de charla son distintos y saltan de un lado al otro de la mesa durante el almuerzo en el que nos acompaña Ricardo Chams, uno de sus sobrinos; ellos se turnan en la visita que siempre es a esta hora, salvo los domingos que procuran hacer una reunión total de la familia. En algún momento ella le pregunta por su hermano Alberto que está en chequeos médicos y él responde que ha tenido una notable mejoría, entonces divertida cuenta que García Márquez llamaba --manes del azar objetivo-- a Billy, otro de sus sobrinos, "el boxeadorcito", como anticipando que sería el exitoso promotor de boxeo que ha tenido en "Cuadrilátero", su cuerda, a varios campeones mundiales hechos en este patio.

A las dos de la tarde se despiden todos los que nos acompañaban, Alicia se retira a su habitación y Meira me pide ir con ella a otro lugar de la casa para iniciar esta entrevista, pasamos cerca de unas vigas de madera que sostienen el techo y alguna pared, ella me explica que hacía tiempo no le hacían arreglos a la casa y se queja de los altos costos de las refacciones. Con un café arábigo nos sentamos en una terraza, frente a un bien cuidado jardín interior, ella recuerda la aparición de Anáglifos en los años cuarentas, un libro de poemas de Hans Federico Newman, cuando el maestro era el subdirector de la Orquesta Filarmónica de Barranquilla: "Porque, has de saber, también se destacó como poeta y traductor de poesía". Por aquellos días le puso música a "Canción Lejana", un poema de Meira, del libro Verdad del sueño, que interpretó la soprano barranquillera Fabiola Franco en una velada lírica en Bogotá.

.

--EN POCAS OPORTUNIDADES GRANDES VERSOS HAN SIDO LLEVADOS CON ACIERTO A LA MÚSICA. Le pregunto: ¿ALGUN OTRO INTENTO DE MUSICALIZAR TU OBRA?

--El maestro Pedro Biava también lo había hecho, él escogió "Promesa", [uno de los poemas iniciales publicados por Meira, en la revista Vanidades, de La Habana, Cuba, y lo cantó Tina Altamar, ese poema nunca lo recogí en los libros, por cierto uno de los primeros que escribí y, no hace mucho, el maestro Rodolfo Pérez, director de un magnífico coro de Medellín, puso música a quince composiciones mías para coro masculino. El maestro Pérez, un músico extraordinario, vino con su coral y actuaron en el teatro Amira de la Rosa en una noche inolvidable.

--¿ESE DESEO DE EXPRESARTE MEDIANTE LA POESÍA, OCURRIÓ DESDE LA ADOLESCENCIA?

--Sí, siendo niña empecé a escribir estrofas, pequeñas cosas. Vivíamos en Las Delicias que era como vivir en el campo porque el barrio estaba un poco apartado y ese era su gran encanto. Era el barrio más alto de Barranquilla, desde mi casa se veía la panorámica de la ciudad, en los días como estos en que había caído lluvia se alcanzaba a ver el mar en el horizonte, en las noches la luna se reflejaba en el río y a lo lejos se perfilaba el contorno de la Sierra Nevada. No había esos edificios que hoy cortan la visión que desde mi casa era una maravilla, y empecé a escribir motivada por aquel mar, las acacias florecidas, la primera estrella de la vespertina, paisajes que despertaban mi sensibilidad y me inclinaban hacia la poesía. Alguna vez, por allá en 1937, vi que en la revista Vanidades de La Habana aparecía una sección de poemas y decidí mandar algunos míos. La sorpresa fue que los publicaron. Como mi padre era un poco severo supuse que no le iba a gustar esta aventurilla de su hija, tampoco quería que mis compañeras de colegio supieran que era yo la autora de los versos, entonces busqué un seudónimo y los acompañé de él, así nació Meira Delmar.

--DE AHÍ A LA PUBLICACIÓN DEL PRIMER LIBRO DEBIÓ HABER UN LARGO TRECHO.

--Pasaron cinco años. Yo leía y releía en silencio, complacida, aquellos poemas míos en la revista, y a muy pocas personas se los mostraba. Un día, estando con Emilia Segebre, llegó Alirio Bernal, un gran intelectual, autor de La historia industrial de Barranquilla, leyendo aquellos poemas preguntó si alguien sabía de quién se trataba, Emilia se lo dijo y él se encargó de difundirlo en un artículo que escribió para la revista Civilización. Mi primer poemario publicado, Alba de olvido, es un libro de adolescencia como dijo Ignacio Reyes Posada en el prólogo, lo publiqué por su insistencia y la de unos amigos, Carlos Osío Noguera, Héctor Rojas Herazo y Alirio Bernal, ellos tenían un programa en La Voz de la Víctor a donde me invitaron para hablar sobre mi poesía. Rafael Salcedo Villarreal, que era el dueño de Editorial Mejoras, estuvo también allí y me ofreció publicar esos poemas: "Me llegó un papel de Europa,- me dijo. -Es como para poesías. Si te parece publico tu libro, te entrego cincuenta ejemplares y me quedo con la edición para pagar los gastos". Y así lo hicimos.

--DESPUÉS VINO SITIO DEL AMOR

--Sí, dos años más tarde, en 1944, luego Verdad del Sueño, en 1946. En 1951, Secreta Isla. Creo que en Secreta Isla alcancé el tono de mi voz. Tal vez en mis primeros libros hay algunas influencias, nadie escapa a ellas, pero yo me busco en esas grandes poetisas que tanto admiré y no me encuentro con ellas, Juana de Ibarborou era un caudal de escritura rico y abundoso, era la alegría, yo no tengo eso. Gabriela Mistral, la divina Gabriela, era el dolor, el llanto, su obra es escrita con sangre, y ya sabemos que la sangre es espíritu, tampoco hay de eso en mi poesía. La rebeldía de Alfonsina Storni no la encuentro en lo mío. Delmira Agustini prefirió un lenguaje que se mueve en el claroscuro donde se entrelazan cuerpo y alma, eso es muy distante de mí. En Secreta isla yo me veo tal como soy, mi poesía es diferente, quizá porque hay un tono nostálgico siempre en ella. El amor en mi poesía es de tonos medios, no es un amor que grita, no es un amor que exige, es un amor que se está siempre yendo, eso podía ser lo que hace que mi poesía sea siempre diferente.

--GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ DIJO QUE ESTE ERA UN POEMARIO MARAVILLOSO, Y QUE POR PRIMERA VEZ CRÍTICOS, PERIODISTAS Y ESCRITORES SE PONDRÍAN DE ACUERDO.

--Es la generosidad habitual de Gabito, de cuya amistad me precio y recuerdo con mucho cariño. Luego me dediqué a mi labor en la Biblioteca Departamental, pero nunca dejé de escribir, ya para 1970 publiqué una Antología con el título de Huésped sin sombra, con prólogo de Javier Arango Ferrer. Después de un largo interregno publiqué diez años después Reencuentro, y Laúd memorioso en 1994. No hace mucho me invitaron a participar en el programa "Un tinto con los escritores", una amena conversación con el público que realiza, en alianza con el Instituto Distrital de Cultura, Carmen Alvarado en una admirable labor de difusión cultural en Confamiliar. Me preguntaron si alguno de mis libros había sido publicado por una entidad oficial, les respondí que no, por cierto que es bastante alto su costo en nuestro país. Y así es, no he tenido nunca la colaboración de alguna entidad oficial. Entonces me di cuenta de que Roy Pérez, el Secretario Distrital de Cultura, estaba a mi lado, y dije: "Ahora no vayan a pensar que estoy haciendo la solicitud para que el Distrito me colabore en la publicación de mi próximo libro", él se reía pero no es asunto para reírse, fíjate, no es mucho lo que se ha publicado allí y en el Fondo de Publicaciones de la Gobernación del Atlántico está el libro de poemas D' Annunzio, traducción de Hans Federico Newman, durmiendo un sueño de justos desde hace un año

--NO HAY APOYO PARA LOS ESCRITORES, ASÍ ESTAN FRUSTRADAS MUCHAS PROPUESTAS DE APOYO A LA CULTURA.

--Bueno, en las entidades oficiales las prioridades son, al parecer, otras. Por eso se acude a otras instancias, me dijo Campo Elías Romero que están gestionando la publicación del libro sobre comentarios de arte de Eduardo Márceles en la Universidad del Norte y que él creía que este libro de prosas, que ya tengo listo, lo podrían publicar allí también. No se, vamos a ver...

--¿CUÁL DE TUS POEMAS PREFIERES?

--Si me permitieran escoger para una antología de poesía en la que se incluyeran algunos de mis poemas, yo escogería "Raíz Antigua" y "Nueva Presencia". En algunas antologías, entre ellas la de Andrés Holguín, y no se por qué, han preferido "Palabras al mar," y de este solamente toman una parte pues está compuesto por "Memoria" y "Presencia" y, generalmente, toman la primera.

- SIN EMBARGO HAY UN POEMA QUE NO MENCIONAS Y QUE CAUSA MUCHO IMPACTO CUANDO LO DECLAMAS, ES “ELEGÍA A LEYLA KHALED”. ¿QUÉ HISTORIA HAY DETRÁS DE ÉL?



-Hace años encontré en la página primera de “El Tiempo”, la foto de una muchacha palestina, tendría quince años, vestía uniforme camuflado y tenía una metralleta en sus manos. La habían detenido en Londres con un grupo de jóvenes fedayines cuando trataba de secuestrar un avión para llamar la atención sobre el drama palestino, eran los días del llamado “Septiembre negro”. Y hasta ahí llegaba la noticia. Yo me impresioné mucho porque, aunque mis ancestros son de El Líbano, ese drama de los palestinos es una de las mayores injusticias que se ha producido en la historia universal. Comencé a escribir, y no pude seguir después de las primeras líneas, así que guardé lo escrito y casi un año después terminé el poema, diciendo que no se qué fue de ella, si estaba viva o muerta. Pasó mucho tiempo sin saber más nada de Leyla Khaled, hasta que me encontré con la noticia de un congreso femenino en Copenhague, Dinamarca, al que asistiría Leyla Khaled en representación de la mujer palestina en el exilio. Me dije, “Vive esta mujer”, más tarde cuando Israel bombardeó El Líbano, supe que habían bombardeado el edificio en donde vivía Georgina Rizkha, ex miss universo, y esta noticia agregaba que allí también vivía Leyla Khaled, ambas casadas con guerrilleros, y pensé para mis adentros, “Qué bueno, ellas dos se han salvado”. Finalmente, hay otro episodio que no se si está bien que te lo cuente; una señora de Barranquilla, que tiene un ascendiente palestino, defensora apasionada de esta causa, se ha entrevistado varias veces con Arafat, un día, saliendo de un matrimonio, me dijo después de saludarme, “¿Sabes quién estuvo aquí?, Leyla Khaled”. Cuando ella pronunció este nombre, se me erizó la piel, “estuvo hospedada en mi casa”, -agregó. “Y tú fuiste capaz de quedarte callada? Cómo es que no me llamaste?” –Le dije. “Ah, es que estaba de incógnito” –me dijo. “¿Y tú pensaste que yo la iba a denunciar?”-alcancé a responderle con algo de rabia. Esa ha sido una prueba de lo que puede el egoísmo, yo habría sido feliz conociendo a esta mujer, se me negó, pero me quedó el poema.


"Pillín", que así se llama su perrito, ha estado dando vueltas a nuestro alrededor, está inquieto por las amenazas de lluvia, el cielo se ha tornado sombrío y se oyen a lo lejos los primeros truenos, finalmente sube a su silla y con movimientos lentos se adueña de su regazo; ella, tierna, lo acoge. "Es un gran amigo", dice mientras le proporciona algunas caricias. Recuerdo que alguna vez Ramón Bacca, tuvo una pareja de mascotas felinas a las cuales bautizó "Lucho" y "Gatica", doble homenaje al bolerista chileno, y pienso en "Pepe", un hermoso gato blanco de larga cola del que me hablara Jorge Artel. "Fue el regalo de más significación humana que tuve en mi vida", me había dicho. Inevitable asociar esta actitud de nobleza en ellos y otros escritores en esta ciudad. ¿CONOCISTE AL POETA JORGE ARTEL?, le pregunto.

--Lo conocí en la Sociedad de Mejoras Públicas, por allá en 1950, antes de su largo viaje por Centroamérica. Estaba feliz porque el gran poeta cubano Nicolás Guillén le había enviado un libro de versos y con una alegría casi infantil me dijo: "Mira el libro que me ha mandado Guillén". No recuerdo haber compartido con él algún recital, a ver, sí, tal vez en un encuentro de escritores en Sincelejo, por allá en el 82. Asistí a varios recitales suyos, en la Universidad del Atlántico oí al poeta por última vez.

--ES CONOCIDA LA INFLUENCIA QUE EJERCIÓ CON SU LABOR EN EL SUPLEMENTO CARIBE CARLOS J. MARÍA, ¿FUERON AMIGOS?

--Hablamos pocas veces. Lamentablemente yo no tuve acceso a la amistad de Carlos, lo conocí pero muy superficialmente. Una noche vino aquí, me hizo una pequeña entrevista para el suplemento literario. Nos vimos en un encuentro de escritores en Santa Marta pero, la verdad sea dicha, yo lo leía con ese placer que causa leer las cosas cuando están bien pensadas y bien escritas. Pero, vuelvo y te digo, no tuve la fortuna de estar cerca de la amistad de Carlos J. María.

--¿Y DE RAMÓN BACCA?

--Ramón ha sido un amigo también esporádico, le tengo cariño y me gusta como escribe, me divierte su sentido del humor no muy común entre nosotros los colombianos.

--DE BOB PRIETO, ¿QUÉ RECUERDOS TIENES?

--De él, sí, muchos. En 1958 entré a la biblioteca como directora. La Asamblea Departamental funcionaba en la segunda planta de la biblioteca porque su salón de actos, en el antiguo edificio de la Gobernación, lo habían subdividido en oficinas durante el período dictatorial de Rojas Pinilla y, cuando retornamos a la democracia, no tenían donde sesionar e instalaron, qué absurdo, la Asamblea Departamental con sus barras y sus gritos en una biblioteca, bueno, eso me tocó a mÍ.

--En alguna ocasión llegó un funcionario enviado por algún diputado, bajando el rostro me dijo:"Señorita, el diputado X le manda a decir que suba pues quiere hablar con Usted". Roberto Prieto, que estaba en mi oficina, rojo de la rabia, dijo: "Dígale al diputado tal que baje él si quiere hablar con la directora de la Biblioteca Departamental". Ese era él, muy caballeroso, como también un crítico muy agudo.

--En ese segundo piso acondicionamos una sala de música, la dirigía la señora De Andreis, suegra de Néstor Madrid Malo, naturalmente lo que había en la discoteca de la sala era toda música clásica pero, en las horas no habilitadas para el público, subíamos allá con él, Esthercita Forero y Mery Loogan. Roberto –Bob- Prieto era un erudito apabullante, gran amigo y además pianista aficionado muy bueno, allí poníamos algunos discos, entre otros recuerdo "Bombo y Maracas" y "Whisky con Soda" de Esthercita, y Roberto, que era muy buen bailarín, cogía a cualquiera de nosotras y daba algunos pasos de baile. Uno de esos años, por allá en el 62, Sonia Osorio ideó para sus cuerpos de baile el caso de una muchacha posesa y recuerdo muy bien le pidió a Esther Forero que le escribiera una canción, ella le llevó dos, "La Embrujá" y "La Mojana.

--¿TUVIERON USTEDES OCASIÓN DE ASISTIR AL ACTO?

--Estoy en duda, ni siquiera recuerdo dónde fue la presentación, Sonia trabajaba en los carnavales de Barranquilla para el Country Club, por eso no se si fue allá, en el Apolo o en el Hotel del Prado, no podría jurarlo sobre la Biblia. El Gran Ballet de Colombia comenzó, como todas las cosas grandes de este país, en Barranquilla. Sonia estaba entonces casada con Alejandro Obregón y en otra de sus funciones en el teatro Apolo, la escenografía y el vestuario fueron diseñados por él, fueron unos trajes hermosísimos los que diseñó Alejandro. Más tarde ella se trasladó a Bogotá y el ballet creció y es hoy esa extraordinaria muestra de arte que ha llevado el nombre de Colombia a todas las partes del mundo como sabemos.

--¿ERAN ACTOS PREPARATORIOS DEL CARNAVAL?

--Era sencillamente una función del Ballet de Sonia, más tarde organiza las comparsas y las presentaciones del carnaval, ahora sí del Country Club.

--¿HAS ESCRITO ALGUN POEMA SOBRE CARNAVAL?

--No, no tengo ningún poema sobre el carnaval. Me divertí sí y mucho en el carnaval cuando era muchacha, me vestí de monocuco muchas veces, con mi voz chiquita de tiple gocé muchísimo, y bailé todo el carnaval. Mi madre me decía "Mijita, ¿ustedes no se cansan?", empezábamos el sábado y terminábamos el martes, con otras amigas, disfrazadas con esos trajes de satín en colores, con guantes, con zapaticos de cotizas, máscaras y todo, entrábamos en las casas vecinas y decíamos (con voz chillona) "Buenas tardes. A que no me conoces, no me conoces" y nos ofrecían algo de tomar o comer para que nos quitáramos la máscara. ¡Qué rico recordar! Ahora mira uno hacia atrás y ve eso tan lejos. El tiempo corre y llegas a entender que no es nada.

--EN ESE LARGO CAMINO DE TU VIDA, MUCHOS SON LOS AMIGOS QUE SE HAN IDO.

--¡Cómo pesa la ausencia de los amigos que se van! Alejandro Obregón, Bob Prieto, Jorge Artel, mira qué larga lista sigue: Guillermo Ardila, Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, tú recuerdas que en Cien Años de Soledad, extraña coincidencia, el protagonista (que es Gabo) se encuentra solo porque los amigos se fueron, y el primero fue Álvaro, después Germán y luego Alfonso, en ese mismo orden se fueron, premonitorio. Es impresionante.

--TAN IMPRESIONANTE COMO PENSAR EN EL EXTRAÑO SINO DE LA MUERTE.

--Lo malo es que no se puede dejar de pensar en ella porque está presente todos los días, y te digo una cosa: le tengo una gran antipatía, no me gusta para nada, porque se presenta sin que uno la llame, sin que uno la espere, sin que uno la quiera. Es abusiva la muerte.

--¿TIENES IDEA DE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE? ¿HAS PENSADO EN ALGO QUE EXISTE?

--No sé qué decirte. Mi hermana Alicia, que es muy sensible, ha tenido algunas experiencias. Ella está absolutamente segura de que sí, que hay vida después de la muerte, yo no se qué pensar, pero creo que tenemos que agarrarnos de esa esperanza porque sería terrible saber que solo somos ese poquito de escombro que queda de uno finalmente tras la cremación, es terrible pensar que eso somos, hay que esperar que haya algo más. La muerte siempre me ha espantado porque significa que no vuelves a ver a la persona que se va. Esa ausencia y ese no sentirlos ya en cotidianidad de la vida es lo que me impresiona. No me acostumbro y no tengo esa virtud maravillosa que se llama resignación cristiana, me rebelo contra ella. Claro, me acerco a Dios y le pido consuelo, pero me sigue doliendo demasiado. El dolor de la ausencia tiene en mi su habitante, no sé por qué le encanta poseerme, no se me va, yo no lo pido, yo no lo llamo, no quiero que esté en mí, pero se ha empeñado en serme demasiado fiel. La muerte de mi padre significó para mí un desgarrado grito interior, pero mi hermano asumió su imagen y las funciones de mi padre, luego la muerte de mi madre fue un sufrimiento largo mientras lo asumía, no me había repuesto cuando me llegó otra vez, uno nunca se repone de las pérdidas de los seres que ama, tras la muerte de mi hermano aún no puedo hablar de él. Lo único que le pido a Dios es que dé salud a mi familia, eso es lo realmente importante. ¿Sabes cómo me gustaría morir?, como Amira de la Rosa: en el sueño. Porque amo mucho la vida y le temo a la muerte, cómo será de amable la vida que, con todos los dolores que te da, nadie la quiere perder.


La lluvia se descarga con fuerza sobre la ciudad. Algunos relámpagos alcanzan a iluminar el patio y un arroyo se ha formado en frente de nosotros. El semblante de Meira ha cambiado. Es intensa ahora en sus palabras, la afectan, el dolor la descompone. Diría que le da rabia confrontar esta dura realidad de la vida. La entiende pero termina por no aceptarla. No por ella, no por miedo a mirarle la cara, sino por la pérdida de esos seres que le marcaron un derrotero en la amistad, en el afecto. Pero hay otros aspectos que debemos tratar, su ejercicio periodístico de ahora, por ejemplo. Hacia allá vamos y se lo indico:


--HE NOTADO QUE HAS REGRESADO AL EJERCICIO PERIÓDICO DE LA COLUMNA. ¿ESCRIBES CADA DOS SEMANAS PARA EL HERALDO?

--Sí, cada dos domingos aparece allí mi columna que he llamado "Palabras", pero hay momentos en los que no tengo temas. Esta vez he dedicado mi tiempo a escribir algunas palabras sobre Amira de la Rosa. Estaba en mora de escribir sobre ella, a quien conocí y quise muchísimo, era un ser privilegiado, ¿la conociste? Tenía una gran finura espiritual, claridad de pensamiento, una simpatía desbordante y, como si fuera poco, una gallardía y un no se qué de realeza que me hace recordar a Ramón Vinyes, el sabio catalán. Él alguna vez le dijo: "Señora, ¡qué acierto el de su bautizo!" Y es que él sabía que en árabe, de donde viene su nombre, significa "Princesa". Yo, a mi vez, le dije en alguna ocasión: "Si no te llamaras Amira, tendrías que llamarte Gracia".

--LO RECUERDO. EN UN POEMA LA LLAMAS "AMIRA DE LA ROSA Y DE LA GRACIA, LA GRACIA QUE POR SER GRACIA ¡EN TI COMIENZA Y TERMINA!" [1]

--Alguna vez la fuimos a recibir al aeropuerto, venía de Madrid y allí estaba yo esperándola con Alfonso Fuenmayor y otros amigos. Al saludarlo con un estrecho abrazo, nos dijo: "A este muchacho lo enseñé a leer". Tú sabes que ella era una gran pedagoga. Alfonso, que tenía un sentido de la oportunidad y sentía una gran admiración por ella, le respondió: "¡Mejor me hubiera enseñado a escribir!". Los que allí estábamos aplaudimos festejando ese duelo de inteligencias.

--¿FUISTE MUY AMIGA DE AMIRA DE LA ROSA?

--Sí, la quise mucho. Era una mujer polifacética, extraordinaria. Aquí tenía, con sus hermanas, el colegio "Gabriela Mistral" porque admiraba a la poetisa chilena. Nunca imaginó que la conocería años más tarde y consolidaría una gran amistad, en España, a donde había ido para hacer unos cursos que dictaba en Barcelona María Montesori, la célebre pedagoga Italiana, también asistía Gabriela Mistral. Luego la nombraron agregada cultural en la embajada de Colombia en Madrid hasta cuando, en la dictadura de Rojas Pinilla, la declararon cesante. Intervinieron sus amigos Eduardo y Enrique Santos y la designaron cónsul en Sevilla. Acabado el gobierno de Rojas Pinilla, vuelve Amira a Madrid con su único hijo, que era enfermo, esquizofrénico. En Europa trató de curarlo pero no lo consiguió. Amira permaneció allí hasta que renunció y regresó a Barranquilla en 1972 donde alcanzó a vivir poco tiempo, dos años quizá, más tarde murió. Así que fue muy poco lo que pude tratarla aquí. Cuando estuve en España, en Madrid me veía con ella casi a diario. Durante un mes, viajé con ella a Salamanca, a Ávila, a Burgos, a Toledo, conocí esas maravillas de la mano de esta mujer de hermosa presencia. Conocía España como la palma de su mano. El poco tiempo que estuvo aquí salimos muchas veces. Amira era una mujer admirable, escribió unas obras de teatro interesantes: "Madre Borrada", estrenada con éxito extraordinario en Madrid; "Los hijos de ella", "Piltrafa", comedias principalmente, considero que su mejor obra para teatro es el sainete "Las viudas de Zacarías".

--ELLA ERA MUY TERRÍGENA, NO OBSTANTE SU VIDA COSMOPOLITA EN EUROPA, LO SUYO SON HIMNOS A LA NATURALEZA .

--Esa era ella, nos leía sus prosas al bollo de yuca, a la olla de malambo, a la cerca de matarratón, a las flores de las acacias, al árbol del trupillo, ella adoraba esta tierra. Una vez en España nos invitó a pasar la tarde a orillas del río Tajo, en el camino veíamos esos olivos con sus hojitas plateadas, unas encinas grandes, las encinas de Machado, veíamos olmos, álamos, de pronto se detuvo para decirnos: "Ay, ¡qué no daría yo por ver un totumo de mi tierra!"

--GERMÁN VARGAS, CUANDO ERA MIEMBRO DEL COMITÉ EDITORIAL DE LA FUNDACIÓN GUBERECK, ACONSEJÓ LA PUBLICACIÓN DE SU PROSA.

--Sí, es un hermoso libro que publicó la fundación Simón y Lola Gubereck, en 1988, con selección y prólogo de Germán Vargas. Se llama así, "Prosa", de Amira de la Rosa. Pero también un banco publicó "Marsolaire y otras páginas", un documento fervoroso que incorpora un pedazo de historia del litoral a nuestra historia literaria. Alfredo De la Espriella escribió el prologo. Y se publicó otra, "La luna con parasol", no recuerdo si por Santillana o Alfaguara, ya muerta ella.

--¿COMO MURIÓ AMIRA DE LA ROSA?

--Ella tuvo un gran sufrimiento en toda su vida. Me dijo alguna vez : "Es que tengo que ser alegre para poder sobrellevar el dolor que va conmigo". Era el dolor de tener a Ramiro, su hijo, en las condiciones de salud mental en que estaba. Ella había pasado un día malo, esa noche él no quería dormir, al fin ella y su prima Emilia, que la ayudaba en el cuidado de su hijo, agotadas, resolvieron descansar. Amira le dijo: "Ya se durmió Ramiro, ahora podemos dormir nosotras", y se acostó. Al día siguiente cuando la fueron a llamar, estaba muerta. No despertó de su sueño. Fue una bendición de Dios porque ella no quería morir antes que el hijo, ella me había dicho: "Tengo que vivir más que Ramiro, porque ¿a quién le dejo yo mi problema?" Ramiro quedó viviendo con sus tías en Olaya Herrera, por las tardes salía a caminar acompañado de la prima Emilia, que siguió a su cuidado. Tuvo una suerte trágica, una noche, al tratar de atravesar la calle un carro arrolló a su prima; él, que era un hombre alto como de 1.90 mts., cargó a la muerta en sus brazos y la llevó a la casa de las tías. Se quedó con ellas que, no obstante, lo querían mucho. Otra tarde en que amenazaba lluvia, salió a dar su acostumbrada vuelta, las tías trataron de que no saliera. "Mira que va a llover", le dijeron, no hizo caso, se fue. Cayó uno de esos aguaceros diluviales que tenemos aquí y no volvió, estas pobres mujeres se volvieron locas, acudieron a la policía, a los hospitales, a todos los recursos de emergencia, al día siguiente les avisaron que habían encontrado su cadáver en el caño. Un arroyo se lo había llevado.

La lluvia ha cedido. Ahora un leve viento frío entra desde el patio. De su gran amistad con la autora de la letra del himno de Barranquilla, tenía conocimiento desde aquella vez, en el ya lejano año de 1982, cuando, con Miguel Iriarte y Joaquín Mattos Omar, fuimos hasta las instalaciones de la Biblioteca Departamental para invitarla a participar en "Canción de la vida profunda", un programa radial de difusión de la poesía que emitíamos por la emisora de la Universidad Autónoma del Caribe. Emotiva, recordaba sus andanzas por esas campiñas españolas, acompañada de Amira de la Rosa. Para retomar el hilo de nuestra conversación, insisto en su labor como columnista, le pregunto si esas crónicas las escribe para comunicarse con sus lectores.

--Bueno, fíjate, responde ella, hace bastantes años escribí una primera nota para saludar la presencia de Dora Castellanos que venía a dar un recital en Barranquilla, a partir de entonces Juan B. Fernández, el director, me pidió que siguiera haciéndolo y alcancé a escribir tal vez cinco columnas pero luego las dejé. En esta ocasión me invitaron para alguna conmemoración de la Universidad Libre, en el Teatro Amira de la Rosa, recité tres poemas y, al bajar del escenario, Juan B. me dijo: "Meira, tienes que escribir en El Heraldo". "Bueno, vamos a ver", le dije y me respondió: "Vamos a ver, no. Tienes que volver a escribir, sobre lo que tú quieras". Al día siguiente, por teléfono, me repitió la invitación y me preguntó: "¿Dónde quieres que publiquemos tu columna?". "Donde ustedes digan, a mí me da lo mismo". Y me dijo: "Bueno, la vamos a poner en la página editorial". Efectivamente ahí sale mi columna, pues entre una y otra, el otro día me puse a mirar, llevo 24 escritas y publicadas y como te decía hace algún momento, hay días en que no tengo temas, no se qué voy a escribir.

--PERO CON TODA SEGURIDAD RESULTA SER ALGO DE MUCHO INTERÉS.

--Escribo sobre mis recuerdos, el primer viaje a Bogotá, los recuerdos del muelle de Puerto Colombia a donde iba cuando era niña, los del patio en casa de mis tías Amelia y Susana, hermanas de mi mamá, que eran mujeres muy finas me apena hablar así de la familia, casadas a su vez con dos hermanos de apellido Cajtuni, tenían una casa preciosa con un gran patio. Cómo sería que cuando la casa pasó a otras manos, la adquirió el club Unión Colombia y donde estaba la huerta de la que yo hablo, pudieron construir una cancha de basket ball con sus medidas reglamentarias y graderías para el público, esa casa era un paraíso. Por eso digo yo que el patio más parecía un cuento que la realidad.

--ERA MUY PINTORESCO ESE VIAJE A BOGOTÁ POR EL RIO MAGDALENA. ¿LO HICISTE EN BARCO DE VAPOR?

--El primer viaje a Bogotá lo hice por invitación de Carlos López Narváez, director de la Biblioteca Nacional, fue también mi primer recital en la capital, un acontecimiento muy grande para mí, impresionante. Ese viaje nos tomó 15 días por el río en un buque fluvial que se llamaba el "David Arango", tal vez fue el último buque de vapor que surcó las aguas del Magdalena, tenía unas inmensas ruedas que entraban en el agua permitiendo su avance, y alimentaban la caldera del buque como en los relatos de Mark Twain en el Mississipi, ¿recuerdas? Nos embarcamos mi hermana, dos amigos y yo, los paisajes en los atardeceres del río eran hermosísimos, todavía se veían caimanes, no muchos pero se veían, y árboles inmensos y esos pueblecitos en las riberas. De noche nos quedábamos largo tiempo en la baranda de la cubierta, mirando el cielo, sintiendo en el viento fresco la música de bandas que alegraba el ambiente hasta llegada la hora de volver al camarote, era delicioso. Otras veces era un trío con sus guitarras y su tiple el que animaba en las tardes a los pasajeros, ahí fue donde oí por primera vez la música de Los Panchos, yo no la conocía y aquellos tres hombres tocaban la música del trío mexicano "Sin ti", "Como un rayito de luna", todas esas maravillas, hace ya muchos años de eso y, mira, todavía siguen vigentes, hoy con más fuerza que nunca. Al llegar a Puerto Salgar tomamos un tren para Bogotá, ese tren perdía velocidad en esa subida que era larga y penosa, se le sentía la respiración dificultosa, lenta, parsimoniosa, hasta que logró subir la montaña.

-- ¿QUE HACÍAS EN BARRANQUILLA, POR ESA ÉPOCA?

--Sencillamente vivía, me divertía, iba a cine, hacía visitas, una vida de muchacha barranquillera. Ya había publicado mi tercer libro cuando di ese recital en Bogotá, aquella fue una tarde terriblemente lluviosa y sin embargo la sala de la biblioteca estuvo llena. Como hoy todavía, en Bogotá se llenan las salas cuando hay poesía. De regreso hubo unos derrumbes y no pudimos regresar en barco, nos tocó venirnos en avión y yo estaba muerta de miedo. No existía todavía el aeropuerto Ernesto Cortizzos, ¿sabes qué año fue? ¡1951!. Esa fue mi experiencia de viaje por barco en el río Magdalena. Viajé por el mar también.

--¿A DÓNDE?

--Cuando era muy niña, viaje al Líbano, en el Medio Oriente, la patria de mis padres, tan solo estuve allá por menos de un año. Ya mayor estuve en Europa, por un lapso de seis meses, una maravillosa experiencia, y a pesar de estar embriagada de belleza con el arte y con la cultura de esas ciudades hermosas de España como Madrid, Toledo, Salamanca, o en Italia: Roma, donde estudié historia del arte y literatura, Venecia y Florencia con todas sus maravillas, llegó un momento en que me hizo falta mi tierra. Con sus problemas, con todas sus cosas malas, pero quería estar de nuevo en mi tierra, en mi ciudad, en mi calle, en mi casa. Es algo increíble esa liga que hay entre el corazón y las cosas que te rodean; recuerdo una frase de Javier Arango Ferrer, un amigo extraordinario, escritor y crítico de arte, que decía: "la patria duele mucho de lejos aunque huela mal de cerca".

--¿SENTÍAS NOSTALGIA POR LA LUNA DE BARRANQUILLA?

--Sí, claro, la veía con el pensamiento todos los días, y sentía añoranza por nuestro sol Caribe, no nos damos cuenta de que tenemos un cielo tan diáfano. Un amigo de Manizales, que vivió un tiempo aquí en Barranquilla, me decía: "Ustedes no alcanzan a captar la intensidad de la luz de Barranquilla, es una luz diferente, no es igual en ninguna otra parte", y yo creo que es así.


Esa luz de Barranquilla, ejemplo de convivencia pacífica para el resto del país, se eclipsó momentáneamente con los acontecimientos que sucedieron tras el asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948. Por curiosidad le pregunto dónde estaba ese día.


--Nosotros vivíamos donde está ahora el hotel Royal, en el boulevard de la 54, cerca del hotel El Prado, ya había muerto mi padre y mi hermano William tenía su almacén abajo en el centro. Después del medio día, llegaron los rumores de los desórdenes y la confirmación por la radio de las noticias de lo que ocurría en Bogotá. Fue espantoso. Pasamos un susto enorme, en el centro asaltaron almacenes, quemaron algunas emisoras y periódicos, asaltaron la iglesia de San Nicolás y quemaron sus archivos, ¡ufff! Fue una experiencia terrible esa del 9 de abril en Barranquilla.

--¿USTEDES ESTUVIERON ENTRE LOS DAMNIFICADOS?

--No, gracias a Dios. Mi hermano regresó al día siguiente con mucho temor y encontró que no había pasado nada en su almacén. La gente encuentra humor en estas tragedias, al mal tiempo le ponen buena cara. Fíjate que, al prenderle fuego a los archivos de la catedral, quemaron las partidas de bautismo y desaparecieron las constancias de las fechas de nacimiento. Muchas jovencitas optaron por quitarse los años al volver a hacer su Fe de bautismo. Una de mis amigas se quitó como diez años pero como era maestra tuvo que esperar más años para obtener su jubilación, ¡tan de malas!


--DESPUES AL RETORNAR LA CALMA, LLEGÓ TAMBIÉN LA VINCULACIÓN TUYA A LA BIBLIOTECA.

---Néstor Madrid Malo fue el primer gobernador una vez restituida la democracia, era también escritor, historiador y lector infatigable, en síntesis un intelectual muy culto Su recuerdo me llena la memoria y el corazón. Él me ofreció la Secretaría de Educación y yo no la acepté. Le dije que no era licenciada en Ciencias de la Educación y por eso no quería asumir esa responsabilidad. Recuerdo que me dijo: "Y ¿tu si crees que los otros directores de educación pueden hacerlo mejor que tu?”. Después terminó por convencerme, al insistir: “acéptame entonces la dirección de la Biblioteca". De allí en adelante fueron 36 años, 27 gobernadores, y lo único que me satisface es que nunca, óyeme bien, nunca, cuando hubo cambio de gobernadores, fui a donde ellos para solicitarles mi prolongación en ese cargo, no obstante que mis amigos me recomendaban: "Ve, habla con el nuevo gobernador, si no lo haces te pueden quitar el puesto". Yo les decía: "Bueno, si me remueven del cargo, sus razones tendrán, pero yo no voy a pedirle a nadie que me deje allí, ni pediré nunca una recomendación". Esto no lo decía por orgullo, ni por pretensión, sino porque pensaba que estaba cumpliendo con mi deber, sencillamente. Lo que yo hice, no fue tanto como hubiera querido, se creó la Sala de Referencia, la Hemeroteca y el Archivo Histórico, estas dos últimas pasaron a la Biblioteca Piloto del Caribe que funciona en el viejo edificio de la Aduana porque Gustavo Bell, que era el gobernador, quiso concentrar en el nuevo sitio lo referente a investigaciones de la región, justamente yo acepté y colaboré en ese traslado.

--¿TENÍAS DIFICULTADES PARA CONJUGAR EL EJERCICIO ADMINISTRATIVO CON LA CREACIÓN LITERARIA?

--No. Es lo mismo ahora cuando debo conjugar la parte administrativa de la casa, resolver los problemas domésticos, el mercado, estar pendiente de la cocina, la poda de los árboles en el jardín y los patios, que el mango tiene comején, que el timbre se dañó, esas cosas las combino con la literatura, y es que todo se puede hacer. ¿Tú sabes lo que decía Amira de la Rosa?: "Una mujer cabal debe saber lavar, planchar, cocinar, asear la casa, y ¡escribir!". ¿Que tal?

--Y LEER... --agrego yo, para conciliar mis ideas con esta lectora infatigable que dedicó gran parte de su vida a instruir en la lectura a sus innumerables discípulos que pasaron por la Biblioteca Departamental, esa vieja edificación que acaba de ser remodelada y ahora la honra con su nombre. De esas lecturas se nutrió para alcanzar su propia voz, como ya lo dijo antes, por eso es pertinente conocer cuáles son sus poetas preferidos.

--Bécquer y Neruda entre los extranjeros. Aurelio Arturo y Raúl Gómez Jattin entre los de aquí me dice con seguridad, agregando: Y Cervantes. No se me escapa el nombre de Miguel Iriarte en la nueva generación.

--¿ENTRE LAS MUJERES QUE ESTÁN HACIENDO POESÍA EN ESTE PAÍS A CUÁLES VES CON PROYECCIÓN?

--Hay hombres y mujeres, no vamos a discriminar sexo, entre los jóvenes, haciendo poesía con un marcado acento de cotidianidad. Se habla en ella de las cosas menores en la vida, parece que se prescindiera del uso de las palabras hermosas y se buscara la inclusión de voces que no tienen nada de poesía, nada de eufonía, nada que exalte el idioma. He ido en tres ocasiones al encuentro de mujeres de Roldanillo, mujeres poetas como les gusta llamarse a ellas, a mí no, me parece que eso de "la poeta" es consecuencia de un sentimiento de poco aprecio, si tenemos el femenino de poeta que es poetisa y es una palabra más linda, ¿por qué vamos a negarnos el lujo de llamarnos como somos, "poetisas"? Es un problema que no vale la pena discutir. En Roldanillo, a los encuentros de julio van más de cien mujeres jóvenes que están haciendo poesía y, ciertamente, no te voy a decir que todas son buenas, pero hay un buen porcentaje que vale la pena estimular, eso es lo que está haciendo Agueda Pizarro con su marido el maestro Omar Rayo que ha tomado esto con tanta seriedad como cuando pinta sus maravillosos cuadros geométricos.

--A PROPÓSITO DE PINTORES, ¿CÓMO VES EL PANORAMA DE LA PINTURA COSTEÑA?

--No solo de la pintura costeña, el de la pintura universal, es tétrico. Ya no se habla de Salón de Pintura, se dice ahora de manera un poco ostentosa Salón de Arte para que puedan tener cabida las barbaridades que hacen algunos. Eso que premiaron el año pasado en el Salón Nacional de Artistas en Bogotá lo vi en El Tiempo consta de un cuadro en el que se aprecian unos médicos inclinados sobre una camilla, tal vez operando a alguien (manes de Rembrandt) y, en el piso, inmediatamente debajo del cuadro, hay una pirámide de chitos, de esos que comen los niños. Eso fue el primer premio. ¡No hay derecho! Nadie pretende que hoy se pinte como en el cuatroccento o como en el Renacimiento grande o en el Impresionismo, pero que haya algo, que la fuerza del pintor se exprese, ¡por Dios! En Bogotá vive Angel Loochkartt, ¡un maestro expresionista! Me cuentan que Ángel no tiene dónde exhibir su obra, hoy las galerías son prohibitivas. Estas cosas como el conceptualismo, que aún en Colombia se las consideran novísimas, están caducas, ¡ya pasaron! ¿Cómo es que todavía están premiando un inodoro con un feto dentro? ¿Cómo es que, a las puertas del año 2000, dejamos que nos sorprendan o como dicen los franceses nos estén "epatando" todavía con esas barbaridades? Yo no creo que eso sea arte aunque sean premios en Venecia, en Roma o en París. En cierta forma es una tomadura del pelo.

Siento que está conversación ha llegado a su final. Son casi las seis de la tarde y ya no quedan vestigios de la fuerte lluvia que ha caído. Ella no demuestra el menor signo de cansancio, siempre jovial, con un gracejo a flor de labios, maneja en ocasiones un estupendo sentido del humor que no muchos reconocen en la dulzura habitual de su apabullante personalidad. Quiero saber si Barranquilla ha reconocido el alto lustre que le ha agregado al nombre de la ciudad.

--Yo pienso – dice Meira- que pocas personas han tenido la suerte de la que yo he gozado. He tenido el cariño, el afecto de mis amigos, que son muchos, y cuando se me hace esta pregunta contesto que sí, que Barranquilla me ha pagado con creces lo poco que yo haya podido hacer en bien de su nombre. En una carta que me envió Juana de Ibarborou, la gran poetisa uruguaya, escribió: "un gran pensador francés ha dicho que la amistad es la perfección del amor" ¿Sabes? Creo que es así, porque el amor tiene algo de egoísmo, no quieres que te miren siquiera al ser amado. La amistad no, la amistad permite más holgura en ese entrelazamiento que va de una persona a otra.

--¿QUE LE QUEDA A MEIRA POR HACER?

--Escribir, seguir escribiendo hasta que llegue la hora en que el silencio sea mi compañero, pero por lo pronto seguir escribiendo, amar a los míos como los amo, cuidar a mi hermana que, como tú ves, necesita de mis cuidados, y seguir soñando.

--¿HAY ALGUN SUEÑO QUE NO SE TE CUMPLIÓ?

--Sí, muchos, cantidades de sueños que no se cumplieron. En ese programa "Un tinto con lo escritores" que te mencioné antes, resulta que me preguntaron muchas cosas y alguien, un muchacho, con mucho acierto dijo: "En su poesía se ve que hay un amor que no pudo ser, un amor incumplido que le ha marcado toda su obra" y le respondí: "Sí, es muy visible en mi poesía esa verdad del amor imposible, que no pudo ser". Entonces me dijo: "Y, ¿usted no piensa que hubiera sido maravilloso?", le dije: "Bueno, creo que no hubiera sido malo que se hubiera realizado". Los asistentes soltaron una sola carcajada. Después Ariel Castillo le dijo a Campo Elías Romero: "Oye, no sabía que Meira tenía tanto humor, creía que ella era de otro talante".

--¿ESTA CIUDAD QUE HA RECIBIDO TANTO DE MEIRA DELMAR ¿QUÉ SERÁ DE ELLA SIN SU VOZ?

--Pues mira, es triste decirlo, Álvaro, pero nadie es irremplazable. Nadie. Ya habrá otras Meira Delmar que vengan después de mí.

Al salir, una ráfaga de brisa fresca y húmeda me retorna a la realidad, un guardia de seguridad privada ya se ha apostado en su lugar al frente de su casa, tras saltar algunos charcos intento guarecerme en la acera contraria mientras recuerdo su poema "Verde mar": Aquí la voz, la canción. / El corazón a lo lejos, /donde tus pasos resuenan / por las orillas del puerto./ De tanto quererte, mar, / ausente me estás doliendo / casi hasta hacerme llorar /


[1] En "Romance de Amira de la Rosa", en el libro Sitio del amor.

1 comentario:

Yajaira dijo...

HOLA ALVARO:
ME DIO GUSTO ENCONTRARTE A TRAVES DE ESTE BLOG, Y LEER A MEIRA UNA MUJER A LA QUE YO HE ADMIRADO.
QUIERO INVITARTE A VISITAR MI BLOG:
http://yajairapinilla.blogspot.com